Tecnicalderas repara y mantiene calderas, calentadores y termos eléctricos en Alcalá de Henares, la Comunidad de Madrid y Guadalajara. Su web dejó de funcionar de un día para otro, sin que nadie tocara nada. La levantamos en menos de una hora, y después hicimos lo que hacía falta de verdad: una web nueva entera, mudándola sin romper una sola dirección de las que ya funcionaban en Google.
🔗 Ver la web en producción ⚡ Quiero algo así para mi empresadirecciones de la web antigua, todas conservadas
enlaces rotos tras el cambio
de corte en el correo de la empresa
más rápida que la web averiada que sustituye
La web no iba lenta: devolvía un error en todas y cada una de sus páginas. Quien buscara «reparación de calderas» y entrara en ella, se encontraba una pantalla de error. Nadie había tocado nada.
La causa fue un complemento de los que aceleran las webs hechas con gestores de contenido. Se actualizó solo, de madrugada, y dejó de entenderse con el resto. La web funcionaba además sobre una versión del sistema que ya no recibe mantenimiento desde hace tiempo.
La detectamos y la devolvimos al aire en menos de una hora. Pero volvió coja: para levantarla hubo que desactivar justo el complemento que la hacía rápida, así que la portada pasó a tardar cinco veces más en abrirse. Un parche, no una solución.
La caída era lo urgente, pero no era lo importante. Al revisar los datos de Google de los seis meses anteriores encontramos algo que el cliente no sabía: la web salía mucho en los resultados de búsqueda, pero casi nadie hacía clic. De cada doscientas personas a las que Google le enseñaba Tecnicalderas, entraba una.
Ese es un problema distinto al de posicionarse, y mucho más caro: el trabajo de aparecer ya estaba hecho y pagado, y se estaba tirando en el último paso. Por eso la web nueva no se diseñó para ser bonita, sino para ganar ese clic y resolver la duda del que llega asustado: se ha quedado sin agua caliente, la caldera pierde presión, no arranca.
La web antigua dependía de un gestor de contenidos y de una pila de complementos que se actualizan por su cuenta. Cualquiera de ellos podía tumbarla, y uno lo hizo. La nueva no lleva nada de eso: se sirve ya montada, así que abre al instante y no tiene piezas sueltas que puedan fallar de madrugada.
Quien entra en una web de calderas no viene a leer la historia de la empresa: viene con una avería. Arriba del todo está el qué hago ahora —teléfono, WhatsApp y formulario— y justo debajo los motivos para confiar: años de oficio, autorizaciones y garantía por escrito. Primero se resuelve, luego se presenta.
Muchas webs modernas pierden clientes cuando se abren desde dentro de Facebook o Instagram, y el dueño no se entera nunca: la web parece ir bien y los formularios no llegan. Lo hemos visto de cerca en otro cliente. Esta se diseñó desde el primer día para que eso no pase.
Cambiar la web de un negocio que ya sale en Google es la operación donde más clientes se pierden, y casi siempre en silencio. Se estrena la web bonita, las direcciones antiguas dejan de existir, Google las va borrando y meses después alguien pregunta por qué ya no entra nadie. Cuando se nota, el daño lleva medio año hecho.
Aquí se hizo al revés. Antes de tocar nada se hizo el inventario completo de las 75 direcciones que tenía la web, y la condición para salir fue que ninguna se quedara por el camino. Al terminar se comprobaron una a una: todas en pie, las pocas que cambiaron de sitio llevan a su equivalente exacto, cero enlaces rotos.
Y dos comprobaciones más que damos por obligatorias y que rara vez se hacen: el formulario se probó enviando una solicitud de verdad y verificando que llegaba al buzón del cliente —que la web diga «enviado» no demuestra nada—, y el correo de la empresa siguió funcionando durante todo el cambio, sin un minuto de corte. Para quien trabaja con presupuestos y avisos por email, eso no es un detalle.
Webs montadas hace años sobre gestores de contenido llenos de complementos, que se caen solas, van lentas y nadie se atreve a tocar por miedo a romperlas del todo. El miedo a cambiarlas es justo lo que las mantiene rotas.
El caso más frecuente y el peor entendido. No hace falta posicionarse más: hace falta que quien ya te ve decida entrar y llamar. Se arregla con el mensaje y el diseño, no con más presupuesto de publicidad.
Si tu web lleva años saliendo en Google, ese posicionamiento es un activo que se puede tirar a la basura en una tarde. Se conserva entero si la mudanza se planifica antes, no se improvisa el día del estreno.
Te decimos gratis qué le pasa: si el problema es que no te ven, que te ven y no entran, o que estás a un complemento de quedarte sin web. Y si hay que cambiarla, se cambia sin perder ni una posición de las que ya tienes.
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